Gran jefe Estropajo Amarillo dice: “el muro va”
Fecha Wednesday, 01 March a las 23:00:00
Tema Opinión


*Las remesas de los migrantes están en la mira de la Casa Blanca

*Suman 366 mmd, y un cálculo trumpista dice que serán ocho mil mdd.

*El energúmeno asegura que su gobierno adelantará dinero.

*Los envíos de recursos son la principal base de la economía nacional.

 

Carta Mesoamericana / La Jornada / Carlos Fernández Vega

Ciudad de México



El socio y amigo de México (EPN-Videgaray, dicen) no quita el dedo del renglón y, paso tras paso, avanza en su plan de construir el muro fronterizo a costillas de los mexicanos (los de aquí y los de allá).

Generoso que es, ofrece dos opciones: el gobierno peñanietista directamente aporta el dinero para tal fin o lo hacen los paisanos por medio de un impuesto a las remesas.

En febrero del año pasado Donald Trump, en un simple cálculo, estimó que la citada construcción tendría un costo cercano a ocho mil millones de dólares, que su longitud sería de mil 600 kilómetros (que se sumarían a los ya existentes desde los tiempos de Bill Clinton) y que tendría una altura de entre 10 y 12 metros, lo mínimo para que sea un muro de verdad.

A estas alturas dicho cálculo se ha elevado a entre 10 mil y 15 mil millones de dólares, pero las opciones de financiamiento no han variado, y Trump amenaza por las dos vías, aunque ha matizado –por decirlo así– su necesidad: en tiempos de su campaña electoral afirmó que hasta que México no ponga el dinero, Estados Unidos debería implantar algunas medidas como quedarse con las remesas derivadas de los salarios ilegales.

Y hacer más costosas las visas temporales destinadas a directores generales y diplomáticos mexicanos, sin renunciar incluso a cancelarlas; aumentar el precio de las tarjetas de cruce fronterizo; subir el costo de las visas y aumentar las tarifas de ingreso de los puertos de entrada a Estados Unidos desde México.

Ya instalado en la Casa Blanca el energúmeno aseguró que su gobierno adelantará el dinero del muro fronterizo con México para construirlo más rápidamente, aunque tarde que temprano la factura la pasará a México, que la pagará de una manera u otra.

Así, la construcción empezará ya y su vecino del sur pagará, sea por medio de un impuesto o de un pago, aunque esto último es menos probable. De cualquier suerte, México nos compensará por los gastos, y eso sí sucederá. Y entre lo más reciente. Trump dijo: yo no bromeo; ahora mismo ya estamos diseñando el muro.

Ahora el energúmeno va por las remesas de los mexicanos, que se han convertido en uno de los pilares más sólidos para el sostén de la economía nacional. De tiempo atrás Trump amenazó con bloquear tales envíos, en el entendido –el suyo– de que ningún extranjero puede transferir dinero fuera de Estados Unidos a menos que certifique su estancia legal en el país.

La alternativa, dice, es que el gobierno de México pague el muro y, entonces, la normativa no entraría en vigor.

Y el susodicho comienza a mover sus piezas para cerrar la pinza. La Jornada lo resumió así: un legislador republicano anunció su intención de presentar un proyecto de ley que tase un impuesto de 2 por ciento a las remesas destinadas a México para financiar parcialmente el muro.

Mike Rogers, congresista por Alabama, dijo que aspira a recaudar mil millones de dólares al año con su propuesta, ya que las remesas procedentes desde Estados Unidos hacia México ascienden a 30 mil millones al año.

Las cuentas no salen, pues con un impuesto de 2 por ciento a las remesas la aportación obligatoria de los mexicanos que viven y laboran en el vecino del norte, el gobierno de Trump captaría alrededor de 520 millones de dólares al año (en 2016 tales envíos sumaron 26 mil millones de billetes verdes), de tal suerte que para financiar el muro mediante ese mecanismo se requerirían entre diez y 15 años para reunir la cantidad necesaria, de acuerdo con los cálculos citados.

Trump ha dicho que la construcción de la ignominiosa valla llevaría no más de dos años –la mitad de su periodo presidencial, si es que lo concluye–, de tal suerte que un impuesto de 2 por ciento a las remesas no le alcanzaría ni en dinero ni en tiempo, de tal suerte que un gravamen de 20 por ciento resultaría más cercano a sus fines.

De cualquier suerte las dos opciones planteadas por Trump resultarían onerosas para México, y no sólo en lo económico. Lo mejor del caso es que el aprendiz de canciller, Luis Videgaray, afirma que continúa el diálogo y la comunicación entre ambos gobiernos y que las pláticas bilaterales han sido muy constructivas. Ajá, tanto que los gringos ya están sobre el muro.

Desde que les prometieron el ingreso al primer mundo (de Salinas de Gortari en adelante) el número de mexicanos que ha emigrado –a Estados Unidos, principalmente– se ha disparado y, en consecuencia, el volumen de remesas que puntualmente envían a sus familias se ha incrementado de forma sostenida.

No hay que olvidar que México ocupa la cuarta posición mundial (después de India, China y Filipinas) como receptor de remesas y que su frontera norte se mantiene como el primer corredor de inmigración en el planeta.

En el sexenio salinista los paisanos enviaron remesas por un total de 15 mil 952 millones de dólares, monto que se duplicó durante el gobierno zedillista, al captar entonces 30 mil 580 millones de billetes verdes. Más de 46 mil millones en las dos últimas administraciones gubernamentales del siglo XX (todas las cifras son del Banco de México).

Pero llegó el nuevo siglo y el cambio con él. Durante su estancia en Los Pinos el cínico de Vicente Fox presumía como un gran logro que México exporta jardineros de muy buena calidad, cuando en realidad el país expulsaba mano de obra masivamente ante la ausencia de oportunidades en su propia tierra. Durante ese sexenio el país captó remesas por 91 mil 800 millones de dólares, casi 500 por ciento más que en el salinato y alrededor de 300 por ciento por arriba de las registradas en el zedillato.

Con el inenarrable Felipe Calderón en Los Pinos, y haiga sido como haiga sido, las remesas de los paisanos acumularon un total de 130 mil millones de dólares, monto histórico hasta ese entonces, que resultó 800 por ciento superior al registrado durante el salinismo.

Hasta ahora, con Peña Nieto, el flujo de remesas acumula 97 mil 835 millones de dólares, pero de mantenerse la tendencia al cierre sexenal el monto se acercaría a 147 mil millones de billetes verdes, el mayor en la historia.

Sin duda, los paisanos, expulsados de su propia tierra, han hecho infinitamente más por la economía y el bienestar de las familias mexicanas que los supuestos gobiernos del país. De 1989 a 2016 enviaron más de 366 mil millones de dólares, algo así como el 30 por ciento del producto interno bruto a precios actuales, y contando. Y esa mina también está en la mira del energúmeno.

Twitter: @cafevega







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