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Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.





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Gobernar desde Washington a punta de decretos
Enviado el Wednesday, 22 February a las 00:00:00
Tópico: Opinión

*Las dos primeras órdenes ejecutivas fueron dirigidas directamente contra México.

*Y de los migrantes en situación irregular, firmadas en la Casa Blanca.

*Ocurrió cuando  la comisión negociadora mexicana llegaba a EU.

*Trump contaba con que la nación mexicana iba a pagar el muro.

 

Carta Mesoamericana / La Jornada / Jorge Durand

Guadalajara / Jalisco



Una de las órdenes se refiere a la seguridad fronteriza; concretamente, al muro; la otra, a la seguridad pública interior de Estados Unidos, es decir, la persecución y deportación de los migrantes irregulares.

En ambos decretos, los trabajadores migrantes irregulares son considerados una amenaza para la seguridad nacional y la seguridad pública. Por lo tanto quedan situados en el mismo nivel que el narcotráfico, la trata, el contrabando de personas y el terrorismo.

La orden ejecutiva sobre el muro y la seguridad fronteriza, que ahora analizaremos, dejan de lado una interpretación general sobre el tema seguridad fronteriza y se enfoca directamente hacia la frontera sur y a México con nombre y apellido.

En ningún momento señala a la frontera norte con Canadá, como sí lo han hechos otras leyes (HR4437) y por donde sí han pasado terroristas islámicos, como el que fue detenido en el estado de Washington el vísperas de la celebración del milenio.

Por otra parte, y es de llamar la atención, que en la sección 9 se solicite información sobre todas las fuentes directas o indirectas de ayuda o asistencia de todo tipo, recibidos por México durante los últimos cinco años, medida que no tiene nada que ver con la seguridad fronteriza, pero que se supone pretende ser una amenaza directa o advertencia a México.

De igual modo se dice expresamente en la sección cinco que se deben utilizar todos los recursos necesarios para la construcción de campos de detención en la frontera con México (sic) o cerca de ella.

Y en la sección 13 dice expresamente que la aplicación de la ley (enforcement) en cuanto a deportaciones será prioritaria para todos los casos que tengan relación con el ingreso por la frontera sur, es decir mexicanos y centroamericanos.

Las medidas de seguridad fronteriza pretenden cerrar la puerta e impedir el paso de nuevos migrantes irregulares o ilegal aliens, de acuerdo con la nueva terminología utilizada en el decreto, que deja para la historia el término oficial de migración no autorizada ( unauthorized).

Por otra parte, es pertinente anotar que la orden ejecutiva sobre la frontera no dice NADA sobre el pago del muro. Esa es una ocurrencia de Trump durante la campaña electoral, una obsesión personal acorde con su manera empresarial de administrar casinos, una clara afirmación de superioridad y una actitud imperial y, eventualmente, un embrollo del que todavía no ha podido salir, porque no sabe cómo cobrarse.

Trump contaba con que México iba a bajar la cabeza y pagar el muro, lo dijo una y otra vez durante la campaña y los primeros días de su administración. Por eso su reacción desmedida horas después de que Peña afirmara que no iba a pagar el muro. Y la respuesta fue de antología: “Si México no está dispuesto a pagar por el muro tan malamente necesitado (badly needed), entonces sería mejor cancelar la próxima reunión”.

El asunto está claro, si México no acepta pagar el muro, Trump tiene que encontrar una manera de cobrarlo, por eso se debaten entre varias opciones, como la de afectar las remesas, renegociar el asunto con el TLCAN, poner un impuesto a las importaciones que primero fue de 35 por ciento y finalmente de 20 por ciento, y ahora se salen con el cuento de que se van a quedar con el dinero confiscado al narco, que al parecer se reparten a mitades entre México y Estados Unidos. Finalmente, han llegado a afirmar que de algún modo México va a pagar, el ciento por ciento. Pero no sabe cómo.

La ocurrencia de afectar las remesas se topa con un principio fundamental de la sociedad capitalista que es respetar la propiedad del dinero privado y su libre circulación. Tendrían que afectar al sistema bancario y el negocio millonario de las transferencias.

Esto afectaría a migrantes legales como irregulares y molestaría a todo mundo solicitando identificación. No es una medida viable, además de que sería tremendamente impopular, aunque esto le tenga sin cuidado al señor Trump.

La idea peregrina de gravar las importaciones mexicanas es totalmente irracional, y ya se encargó el premio Nobel Paul Krugman de afirmar que esa medida pone en evidencia una ignorancia disfuncional y una incompetencia a múltiples niveles.

Finalmente, los paganos serían los mismos consumidores estadunidenses. Por otra parte, Krugman dice que una clave en las relaciones de comercio internacional es que existen reglas, que los países se ponen de acuerdo y no se imponen tarifas unilateralmente.

En ese sentido la propuesta de Krugman se debería aplicar también al cobro del muro, que es una imposición arbitraria y prepotente de un país para obligar a otro a pagarle por un muro que debe hacerse en territorio de Estados Unidos.

Los mil kilómetros del muro ya construido los pagó Estados Unidos, el muro de Israel lo pagaron los contribuyentes judíos, como el muro de Berlín lo pagó Alemania oriental; la línea Maginot la pagó Francia y el muro en Melilla lo sufragaron los españoles. A éstos no se les ocurrió que Marruecos pagara el muro, ni siquiera le pasó eso por la cabeza a Netanyahu, lo que ya es decir.

En ningún lugar del mundo se puede obligar a un país vecino a que pague la construcción de un muro porque vea amenazada su seguridad. Ya de por sí construir un muro en las narices del vecino es una afrenta y, para remate, los migrantes no son un problema para la seguridad de Estados Unidos; no lo son y no lo han sido por más de un siglo.

La irracionalidad y arbitrariedad es de tal nivel que es posible que no haya una legislación internacional prevista para este caso.


 
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