Carta Mesoamericana
Secciones Acceso a tu cuenta Publicidad

Imagen del día

Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.





Menú
· Inicio
· Ayuda
· Blogs
· Búsqueda
· Cartas al editor
· Chat
· Contactos
· Contador
· Contenidos
· Descargas y pods
· Encuestas
· Enlaces
· Envíar una Noticia
· Galería
· Multimedia
· Noticias más leídas
· Noticias por mes
· Portatil
· publicidad
· Recomendarnos
· Secciones
· Tu cuenta
· videoconferencia

Noticia destacada
Hoy aún no hay una Gran Historia.

Medio Ambiente


Enlace especial

Publicidad

Síntesis periodística


Carta Mesoamericana

Opinión


Especiales de Ecología

Observatorio

   

Astl.tv

  
Percepción y realidad
Enviado el Tuesday, 27 November a las 22:44:01
Tópico: Opinión
* En la política dicen que "percepción es realidad".
* No es distinto a la aseveración de que en política "la forma es fondo".
* ¿Qué pasa cuando la realidad cambia y las percepciones quedan inamovibles?




Luis Rubio / Reforma / Carta Mesoamericana
Ciudad de México





Es posible que estemos ante un enorme cambio de paradigma en el tema migratorio; pero que las percepciones, en Estados Unidos y en México, no se estén ajustando.


A este tipo de disquisiciones es que un filósofo al inicio de los sesenta respondió con un libro que transformó la forma de entender los cambios en el mundo. En La Estructura de las Revoluciones Científicas, Thomas Kuhn desarrolló el concepto de "cambio de paradigma".


Su argumento central es que el avance científico no es evolutivo sino que es producto de "una serie de interludios pacíficos salpicados de revoluciones intelectuales violentas" y que en esas revoluciones, "una visión del mundo es reemplazada por otra".


Algo así podría estar pasando en el mundo de la migración mexicana hacia Estados Unidos; pero nadie en ese entorno político tan cargado parece estarlo notando.


El asunto migratorio desata pasiones. Por un lado, la migración es producto de la demanda: en ausencia de redes de protección, los migrantes van a "la segura" o tan segura como es posible.


Típicamente, se enteran de un empleo disponible por parte de un pariente o amigo y eso les lleva a emprender el penoso vía crucis a través de terrenos inhóspitos y mafias dedicadas al tráfico humano, además de los riesgos de ser detenidos por la migra.


Sin una certeza razonable de que habrá empleo, ninguno tomaría la decisión de abandonar a su familia y terruño. También está el lado de los estadounidenses que ven crecer enormes asentamientos de gente extraña y hacinada en los rincones de sus ciudades.


Muchos de quienes ven a centenas de miles de migrantes cruzar la frontera y luego pasar por sus propiedades, particularmente en Arizona, se han organizado y adoptado medidas extremas que incluyen a milicias armadas dispuestas incluso a matar a los migrantes.


Pero lo relevante es que las pasiones son altas y han creado una dinámica política que ha impedido una discusión seria dentro de ese país sobre qué hacer con el fenómeno.


El tema migratorio tiene dos lados: el de la gente que ya está allá y el de quienes responden a nuevas oportunidades (creadas por la demanda de mano de obra por parte de empresas) para migrar.


Los migrantes que ya están allá viven en un mundo de incertidumbre legal y, en la medida en que se han ido cerrando espacios, enfrentan problemas elementales respecto a la educación de sus hijos, acceso a los servicios de salud y posibilidad de obtener una licencia para manejar.


El mundo de la ilegalidad es duro en una sociedad que valora el reino de la ley y que no sabe qué hacer con una población a la que no se le reconoce legalmente. Muchos quieren resolver el tema de los que viven allá pero no quieren que esa solución se torne en un aliciente para nuevos demandantes, como ocurrió con la ley Simpson-Rodino en los ochenta.


Desde la perspectiva política mexicana, hemos pasado por tres facetas que son reveladoras de la complejidad. Vicente Fox se jugó su presidencia en una decisión sobre la que no tenía influencia alguna: por más que George W. Bush estuvo dispuesto a empujar una iniciativa, ésta nunca se materializó. Otros optan por "desmigratizar" la agenda bilateral, abandonando el tema.


Ninguno atendió el problema real que ningún político puede ignorar: baste decir que es imposible para muchos gobernadores cegarse ante el hecho de que más del 50% de la población adulta de sus estados, como ocurre en Zacatecas, Michoacán y Guanajuato (y 10% de la población total del país) se encuentra en otra nación.


La elección presidencial estadounidense del 6 de noviembre pasado, en que una abrumadora mayoría de latinos y asiáticos votaron por Barack Obama, ha creado una nueva oportunidad que, muchos creen, llevará a una discusión seria respecto a la política migratoria de ese país.


Los debates que a la fecha han tenido lugar no se limitan al asunto de los flujos migratorios ilegales, sino que muchos se centran en cosas como visas para ingenieros, permanencia de graduados extranjeros y una revisión (quizá rechazo) de una política histórica de reunificación de familias. En todo ese debate, los mexicanos son los malos de la película.


Lo paradójico, pero políticamente ineludible, es que la potencial revisión a la política migratoria estadounidense llega en un momento en que los flujos de migrantes mexicanos son negativos, es decir, que hay más personas retornando que las que emprenden el camino hacia el norte.


La crisis económica disminuyó drásticamente las oportunidades de empleo, sobre todo en la industria de la construcción, lo que ha reducido los flujos. Sin embargo, el tema más fundamental es que la curva demográfica mexicana está cambiando con celeridad y eso implica que el número de migrantes potenciales también está disminuyendo. Este es un cambio de paradigma que no ha penetrado la discusión política.


Las personas que consideran la posibilidad de migrar hacen un cálculo muy simple: disponibilidad de empleos donde se encuentran, diferencia de salarios entre los dos países y los costos de emprender el camino.


Ese cálculo era sumamente favorable a la migración en los noventa por el rápido crecimiento de la economía americana, nuestra incapacidad para generar tasas elevadas de crecimiento y el enorme crecimiento de la población en las décadas anteriores.


Mi impresión es que todas esas premisas podrían estarse haciendo añicos: primero, es altamente probable que el nuevo gobierno logre crear condiciones para que la economía crezca con celeridad. Segundo, parece improbable que la economía americana logre una recuperación acelerada.


Finalmente, ese "exceso" de mexicanos está desapareciendo en la medida en que la tasa de natalidad lleva años en números que no son sensiblemente mayores al nivel de reemplazo; es decir, es posible que estemos ante el fin de la era de grandes flujos migratorios.


El problema ahora es de percepciones. Es necesario resolver el problema de ilegalidad de los connacionales radicados allá y la nueva realidad lo hace infinitamente más simple, pero siempre y cuando todo mundo entienda que, de los migrantes futuros, muy pocos serán de aquí. Cambiar percepciones es un imperativo político.



 
Enlaces Relacionados
· Más Acerca de Opinión
· Noticias de cartamesoamericana


Noticia más leída sobre Opinión:
El Derecho Internacional de los refugiados en México


Votos del Artículo
Puntuación Promedio: 0
votos: 0

Por favor tómate un segundo y vota por este artículo:

Excelente
Muy Bueno
Bueno
Regular
Malo


Opciones

 Versión Imprimible Versión Imprimible


Carta Mesoamericana, Tu portal sin fronteras info@cartamesoamericana.com
Puedes sindicar nuestras noticias usando los archivos backend.php o ultramode.txt

Página Generada en: 0.06 Segundos