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Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.





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El concierto habanero de Juanes agitó la marea política
Enviado el Wednesday, 23 September a las 23:58:29
Tópico: Espectáculos
* Cuba, entre la paz y la discordia.
* Posiciones polarizadas y resistencia a la conciliación.
* El artista colombiano logró cambios de opinión después del evento.
* “Primero el ritmo, luego la política”: versión de El País.
* Para Obama, el recital no perjudica las relaciones: La Jornada.

Carta Mesoamericana / James Patrick Boyle Alvarado, corresponsal jefe
Miami, Florida


Por semanas, los medios de información de Miami estuvieron inundados de información relativa a la propuesta del cantante y compositor Juan Esteban Aristizábal, conocido en el ámbito internacional como Juanes, para realizar el 20 de septiembre pasado un evento cultural en La Habana, Cuba, bajo el lema “Paz sin fronteras”.

Así trató de reeditar, sin poca ambición, su exitoso concierto en la frontera entre Colombia y Venezuela, en un esfuerzo por distender los ánimos bélicos imperantes en la región algún tiempo atrás.

La idea captó la atención global, pero en la llamada capital del exilio cubano, una ciudad en la que la comunidad latinoamericana ha empezado a diversificarse notablemente, se exacerbaron los ánimos y se generaron opiniones diversas y mayormente encontradas, trascendiendo a los propios cubanos, pero acentuando las divisiones entre ellos.

Javier Romero, ampliamente conocido por su participación en el programa televisivo Sábado Gigante, explicó el fenómeno en la emisión radial matutina local que encabeza, diciendo que cada cual juzgaba el tema basado en la medida de su dolor.

Ciertamente, hablar de Cuba y su realidad política, social y económica causa mucho dolor a los cubanos, donde quiera que ellos estén.

La revolución social que llevó al poder a Fidel Castro Ruz, a finales de la década de 1950, no sólo dividió la historia de la isla caribeña sino que impuso un sistema político que acentuó las diferencias y originó el desarraigo de algunos y la separación de muchos.

La comunidad cubana empezó su dispersión hace cinco décadas alrededor del mundo, pero algunos intentaron rediseñar la Cuba que perdieron en el sur de la Florida, con pujanza y su reconocido buen ánimo.

Al pasar de los años, sin embargo, el llamado exilio político, la primera generación que se asentó a 90 millas de su tierra natal, al mismo tiempo que ganaba influencia económica y política, comenzó a diferenciarse notablemente de sus propios coterráneos.

Una segunda oleada migratoria, con claras motivaciones políticas, trajo a cientos de miles de ellos en 1980 y produjo cierto rechazo de la población local en general, pero muy en particular de sus propios paisanos, aún y cuando muchos de ellos los ayudaron a efectuar la travesía.

Casi una década después, una tercera generación de cubanos atravesó el estrecho de la Florida, esta vez por motivos de naturaleza más bien económica, y sostuvo desde entonces un ritmo de afluencia fluctuante y aparentemente descendente.

Entre ellos y las dos generaciones que los antecedieron también existen acentuadas diferencias, y que no se entienda que la solidaridad entre esta comunidad ha desaparecido o disminuido.

La familia cubana puede estar dividida por la distancia, como se ha recalcado recientemente, pero no dejan de darse la mano, aquí, allá y de aquí para allá, no limitándose ni a sus allegados ni a sus compatriotas.

Las diferencias son de ideas, de idiosincrasia y de formas de ver la vida y algo que contribuye notablemente a este desentendimiento es la denominada brecha generacional.

Los más viejos, aferrados a sus sueños de la Cuba que dejaron y su ideología política, no conciben la reconciliación en tanto el castrismo esté en el poder. Los más jóvenes, luego de emigrar y aún antes de hacerlo, tal vez comparten la idea del cambio, aunque no sea en los mismos términos, pero en su mayoría tienen mucho menos interés en el tema político, están moralmente cansados de la separación y ven la reconciliación como una posibilidad.

El llamado “concierto por la paz”, que los medios locales rebautizaron como “el concierto de la discordia”, alborotó el avispero y recibió muchas condenas a priori, pero más que ello puso en evidencia el dolor que siente la comunidad cubana por su separación, independientemente de sus ideologías.

El gran mérito de Juanes probablemente esté precisamente en que quienes no estaban conscientes de este gran sufrimiento ahora lo estén. Muchos cambiaron de opinión después de verlo intentar algo que, en cinco décadas, no ha estado en ninguna agenda política cuando se ha tratado el tema.

Mientras dos individuos se enfrascaban a golpes, frente a las cámaras de televisión en una transmisión desde una de las zonas más concurridas por los cubanos en Miami, lo más lamentable del espectáculo no era, sin embargo, la violencia de la escena, sino ver a un individuo reír, como quien disfruta de un espectáculo circense, mientras esto ocurría.

No es difícil entender que los ánimos se caldearan. Los latinos tenemos fama por nuestra sangre caliente. Parafraseando al controversial cantautor sudamericano, “A Dios le pido...” que no haya más indiferencia ante el dolor ajeno. 

Primero el ritmo, luego la política

Hubo más música que consignas en el concierto organizado por Juanes en La Habana, escribió Mauricio Vicent, corresponsal del diario El País en su crónica desde La Habana, para continuar así:

“Un rugido descomunal del público y el merengue endemoniado de la puertorriqueña Olga Tañón abrieron el pasado 20 de septiembre el histórico concierto Paz sin Fronteras en la plaza de la Revolución de La Habana.

“Eran las dos de la tarde (ocho de la tarde en la Península), y atrás quedaban meses de tensiones y desgastadoras batallas extramusicales. Frente al escenario blanco, montado en el mismo lugar donde hace once años el papa Juan Pablo II pidió ‘que Cuba se abra al mundo y el mundo se abra a Cuba’, una masa de un millón de cubanos, según cálculos oficiales, parecía un único y gigantesco animal hambriento de espectáculo.

“La presentación inicial mencionó con todas sus letras al exilio cubano.Tremendo. Salió Olga Tañón del brazo de Miguel Bosé y el cantante colombiano Juanes, y en nombre de los 15 participantes en el concierto leyó una pequeña presentación: "It's time to change" (es hora de cambiar), dijo. Mencionó también con todas sus letras al exilio.

“Algo absolutamente excepcional. Uf... La plaza tembló cuando empezó el ritmo violento de El mentiroso. Se palpaba la energía y la emoción. Era algo que los cubanos necesitaban desde hace mucho tiempo.

“Nada más sonar el primer bongó, Yoraidis, una estudiante situada en primera fila que llevaba horas de espera, espetó a este corresponsal: "Chico, no seas pesao: mejor mover el culo que hablar de política". Buen resumen de la situación nada más comenzar...

“Para Juanes y los participantes en el concierto la iniciativa pretendía ser un puente de paz, un grito de tolerancia y por la reconciliación entre los cubanos. Según el exilio duro de Miami, Paz sin Fronteras era sobre todo "un regalo al régimen dictatorial de los hermanos Castro".

“Para Yoraidis y la mayoría de los cubanos que se reunieron ayer en la plaza, el macroconcierto -de cinco horas de duración- era simplemente la oportunidad de escuchar en directo a artistas de fama mundial, en un país excluido de los circuitos comerciales de la música internacional.

"Que vengan todos, Ricardo Arjona, Willy Chirino, todos", decía casi llorando Leslie Morales, una habanera de 25 años que decía estar "soñando". Tañón, llamada por los cubanos Olga Cañón, garantizó un comienzo movido, con más caderas que mensaje. Si insistías en preguntar al público cosas profundas, las ideas más repetidas eran que ojalá la iniciativa de Juanes sirviera para "tender puentes" entre Cuba y Estados Unidos y "abrir caminos" que puedan transitar otros artistas famosos. Pocos, o casi ningún discurso acartonado. La gente hablaba y vibraba de corazón.

“Los artistas también estaban nerviosos por las expectativas creadas. Antes del concierto hubo tensiones por el excesivo control. Una anécdota. Cuatro horas antes del concierto, Víctor Manuel, de anónimo y vistiendo una camiseta negra, se quiso dar un paseo por los alrededores de la plaza de la Revolución. En un cordón policial, a medio kilómetro del escenario, fue detenido:

-No puede pasar. No lleva ropa blanca...

-Oiga, que eso es para la gente, no para los artistas.

-Lo siento, son órdenes...

-Mire, yo soy Víctor Manuel, uno de los cantantes, sólo vengo a dar una vuelta...

-Ya, y yo soy Napoleón.

“El exceso de celo del uniformado se sumó a otras cositas y derivó después en un enfrentamiento más serio. Juanes y Miguel Bosé se quejaron airadamente a la contraparte cubana por el control, además de por haberse colocado vallas en la plaza separando una zona vip, pegada al escenario. Al final, después de las protestas -hubo un encuentro de última hora con el ministro de Cultura, Abel Prieto- desaparecieron las vallas y nada pasó.

“Ajenos a estos intríngulis, y aunque el calor era una salvajada -35 grados de Cuba-, en la plaza de la Revolución el público bailó y disfrutó de lo lindo. Desmayados hubo cientos, pero mereció la pena... Las palabras irresponsables anteriores al evento fueron barridas por la música.

“El concierto blanco de Juanes (sobre el que Cuatro prepara un documental) sirvió de catarsis colectiva a cientos de miles de cubanos ansiosos de buen arte. Era lo que se pretendía. Primero el movimiento, después la política, como decía Yareidis, saturada de tanta ideología. La intransigencia burda del otro lado -en Miami destrozaron discos de Juanes con martillos y cachiporras- también fue derrotada por la cinturita cubana.

“Después de Olga Tañón vinieron otros sin tanta cadera pero con mensaje, todos vestidos de blanco. La larga lista de artistas (X Alfonso, Silvio Rodríguez, Jovanotti, Carlos Varela, Amaury Pérez, Luis Eduardo Aute, Víctor Manuel...) llegó al clímax con Juanes que cantó sus principales éxitos, y por supuesto A Dios le pido y La camisa negra.

“Pero antes, otra apoteosis: el grupo de rap cubano Orishas, emigrado hace tiempo -llevaba diez años sin actuar en la isla-. Luego, la orquesta Van Van: todo el mundo a menearse. Ése era el verdadero puente: disfrutar, cero política, más nada. Mientras, en Miami un loco había sacado a la calle una apisonadora de dos toneladas a destrozar la música de los participantes.

El concierto

Por su parte, Gerardo Arreola, el corresponsal del diario mexicano La Jornada, escribió desde la capital cubana:

“El concierto Paz sin fronteras, convocado por el cantautor colombiano Juanes y realizado en Cuba con la participación de distintos artistas internacionales –entre los que destacaron el cubano Silvio Rodríguez, el español Luis Eduardo Aute y la puertorriqueña Olga Tañón– reviste importancia histórica por diversos motivos.

“Porque implicó la transmisión, en distintos medios de comunicación del planeta –incluido el sitio de Internet de La Jornada–, de una señal generada en la Plaza de la Revolución de La Habana; porque se emitieron mensajes de unidad en los que se mencionó explícitamente al exilio cubano; porque en ese espacio, reservado casi exclusivamente para actos políticos, se congregaron grandes multitudes humanas en un evento público de signo distinto a los encabezados por el gobierno de la isla, y porque, al contrario de lo que habían vaticinado algunos detractores del régimen revolucionario, el concierto se desarrolló en un ambiente de tolerancia, apertura y espíritu festivo.

“Las amenazas de algunos de los grupos más radicales de cubanos residentes en Estados Unidos no lograron doblegar la voluntad del músico colombiano, ni mucho menos mermar la asistencia masiva al recital –los organizadores estiman que más de un millón de personas presenciaron el acto–, y quedaron, en cambio, exhibidas como meros exabruptos.

“Adicionalmente, las condiciones en que se desarrollaron las presentaciones referidas y el respaldo logístico otorgado a los organizadores por las autoridades de La Habana terminaron por restañar la imagen internacional del gobierno cubano y colocaron la etiqueta de la intolerancia y la cerrazón del lado de algunos de sus críticos, quienes en semanas recientes intentaron boicotear el concierto, expresaron su inconformidad mediante la destrucción de discos y carteles de Juanes y llamaron traidores a los músicos y cantantes que decidieron acompañarlo en el recital.

“Por añadidura, la división que surgió entre los cubanos residentes en Miami en torno al concierto ha puesto en evidencia la pérdida de peso político de los sectores más radicales del exilio cubano –aquellos que aspiran a ver derrotado el régimen castrista sin importar si ello conlleva la destrucción de la propia Cuba y de sus habitantes–, que históricamente han constituido uno de los principales respaldos a la política hostil con que Washington se ha conducido hacia la isla durante las cuatro décadas recientes.


“En forma insospechada, el concierto desarrollado en la Plaza de la Revolución podría tener repercusiones importantes en Estados Unidos, pues los grupos de exiliados más radicales podrían ver reducidos sus márgenes de maniobra, y la división en el seno de la comunidad cubano estadounidense respecto del concierto podría prefigurar otra mucho más importante en lo concerniente a las relaciones entre Washington y La Habana.

“Significativamente, mismo el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, señaló que la realización del recital no perjudica tales relaciones, y si bien insistió que espera que el régimen cubano se aleje de algunas de las prácticas antidemocráticas del pasado, volvió a hacer manifiesta su voluntad de acercamiento hacia las autoridades de la isla.

“Por último, cabe esperar que el concierto Paz sin fronteras, el cual implicó un acercamiento musical y cultural entre Cuba y el resto del mundo, siente un precedente saludable que abra paso al fin del aislamiento político y económico padecido por la isla y sus habitantes en los 40 años recientes: un castigo injusto, inhumano e insostenible.

“La nueva generación cubana baila, grita y llora durante poco más de cinco horas. El concierto Paz sin fronteras, convocatoria a desterrar el odio

“Hemos vencido el miedo; esperamos que también lo puedan vencer los jóvenes de aquí, los de Miami, dice Juanes ante más de un millón; pide a Cuba y Estados Unidos: es tiempo de cambiar.

“Es tiempo de cambiar, le pide Juanes a Cuba y a Estados Unidos. Y como buen negociador pone sobre la mesa el resultado de su concierto: un millón 150 mil personas, según el reporte que trae al escenario Miguel Bosé, después de tres horas de espectáculo bajo el calor caribeño.

“A los dos se les escapa el dato, o no lo mencionan de tan evidente. Ésta es una multitud de jóvenes, quizá menores de 30 años, que abarrota la Plaza de la Revolución. Una nueva generación tiene su primera experiencia de esta magnitud. Sería su Woodstock o su Avándaro, si no fuera porque aquí todo el mundo emprende tranquilamente el regreso a sus casas ya entrada la noche del domingo.

“Celebro estar aquí por encima de cualquier diferencia, dice Juanes, enganchado con la polémica que trae desde hace un mes. “Hemos vencido el miedo para estar con ustedes aquí esta tarde. Nosotros esperamos que ustedes también lo puedan vencer; que todos los jóvenes de la región, todos los jóvenes en Estados Unidos, en Miami, en todas las ciudades, perdamos el miedo y podamos llegar a entender lo importante que es cambiar el odio por amor, muchachos… A pesar de que todos somos distintos, pensamos distinto, estamos acá, tranquilos y disfrutando.”

“Le contesta en un alarido la voz de la plaza. Sin discursos y con mucha música, Paz sin fronteras sugiere cambiar las claves del conflicto. Desterrar el odio, repite el colombiano. Un abrazo fraternal, sugiere Olga Tañón, quien abre la cartelera recordando al exilio cubano, a los que nos apoyaron y a los que no. Una frase que dicha en voz alta –y en este caso en cadena nacional– es insólita en la isla. It’s time to change, insiste la puertorriqueña (y más tarde cantan Juanes y Bosé).

“Amaury Pérez habla con una televisora hispana de Miami y pide olvidar rencillas pasadas. Cambio contra inmovilismo. El mensaje va para los dos países, pero el foco está prendido en el impacto de la migración. Juanes grita que quiere ver una sola familia cubana.

“La idea reflota con la música. Por primera vez en diez años se presenta en la isla Orishas, un grupo rapero que reside en Europa y lleva el nombre de los dioses del panteón yoruba o santería, la devoción sincrética tan extendida en Cuba. Cucú Diamante debuta en su propio país, con su banda Yerbabuena. Unos y otros dicen y cantan que también son cubanos.

“Para la nueva generación éste es su estreno en un show de tal alcance, aunque ni sus padres ni sus abuelos, ni los padres ni los abuelos de ellos tuvieron un espectáculo masivo al aire libre con un elenco internacional como el de hoy.

“Para los veteranos de la escena musical en la isla hay casos memorables, como la resonante descarga de Oscar d’León en el festival de Varadero de 1983. O la presentación de Audioslave, en mayo de 2005, que reunió a unas 70 mil personas con apenas un día de promoción. O la de Air Supply, dos meses más tarde, ya con mejor publicidad y un auditorio de al menos cien mil roqueros. Pero nada que ver con lo de hoy. Hay un público joven ávido por la música, por el espectáculo y por figuras como éstas, que no suelen venir a la isla.

“El escenario en este caso también es protagonista. La Plaza de la Revolución es un brillante en el collar de símbolos políticos de la isla después de 1959. Decenas de discursos se han dicho desde la tribuna. Millones de personas han desfilado por ahí, siempre bajo un lema beligerante. Ahí se homenajeó a su muerte al Che Guevara y la silueta del guerrillero corona un costado del Ministerio del Interior, uno de los varios edificios sedes del poder que rodean la explanada.

“Esta vez el lema no es beligerante, sino conciliatorio. Ya hubo un mensaje similar en 1998, cuando el papa Juan Pablo II ofició una misa desde el mismo lugar donde ahora está el escenario.

“Todavía el sábado se sabe que hay una especie de zona vip para el concierto, las primeras decenas de metros frente al escenario. Ahí llegarían estudiantes agrupados por escuelas e invitados especiales. A algunos turistas se les ha ofrecido una ubicación preferencial.

“Hay una barrera metálica que separa ese territorio del resto de la explanada, que quedaría para el grueso del público. Juanes se queja. En una más de las negociaciones con el gobierno cubano, logra que quiten la barrera.

“Pero muchos de los que irían a esa zona ya están convocados en puntos cercanos. Así pasa con decenas de compañeros priorizados, según les llama un uniformado. El grupo se abre paso entre una multitud contenida por la policía junto al Teatro Nacional.

“Los que están ahí desde muy temprano protestan a grito pelado:

“¡Queremos entrar… queremos entrar!” De pronto la policía cede y deja que todo el mundo pase en estampida, ya no en las filas ordenadas que quería formar. Ya no se abre la plaza a las doce del día, como se había anunciado, sino a las diez y media de la mañana. El tumulto es de tal tamaño que el ministro del Interior, Abelardo Colomé, tiene que bajar de su carro a pedirle a la guardia a cargo que le abra paso para llegar a su oficina, apenas unos metros adelante.

“Después del portazo el público desborda incluso lugares muy reservados, como los espacios para la prensa al pie del escenario. La Tañón alude al conflicto de la zona vip, diciendo que se han abierto las puertas para todo el mundo por igual, sin diferencias y pide mesura, cooperación, cuidado para no provocar una tragedia. Una de las tarimas para fotógrafos y camarógrafos queda atenazada por la multitud. En ambulancias y puestos de socorro se atienden filas interminables de desmayados, algunos convulsionados. El calor cede un poco en la segunda mitad del espectáculo, cuando se detienen por ahí unas nubes salvadoras.

“El programa cambia a última hora en la mañana, porque el previsto se basa en un acompañamiento que funcionaba en los ensayos en España, pero no acá. Se quedan decisiones principales: abre la Tañón, Bosé queda a la mitad y hace dúos con el cubano Carlos Varela y Juanes y cierran Los Van Van, en un final apoteósico, de lágrima viva, con casi todo el elenco cantando el Chan chan de Compay Segundo.

“El programa cambia a última hora en la mañana, porque el previsto se basa en un acompañamiento que funcionaba en los ensayos en España, pero no acá. Se quedan decisiones principales: abre la Tañón, Bosé queda a la mitad y hace dúos con el cubano Carlos Varela y Juanes y cierran Los Van Van, en un final apoteósico, de lágrima viva, con casi todo el elenco cantando el Chan chan de Compay Segundo.

“Silvio Rodríguez hace dos clásicas (El Reborujo y Ojalá). Le siguen el español Luis Eduardo Aute y Varela, el iconoclasta de los noventa, que se permite un chiste visual. Va, como siempre, con una camiseta negra, pero esta vez, a tono con la convocatoria, lleva una leyenda que dice: Tengo una camisa blanca. Para entonces ya pasaron el roquero X Alfonso, de los jóvenes de una saga de músicos notables; el Víctor Manuel de siempre, lamentando que por compromisos de trabajo no pudiera venir Ana Belén; Amaury, Cucú, el salsero puertorriqueño Danny Rivera, el ecuatoriano Velasco, veterano del Paz sin fronteras de Colombia-Venezuela y el italiano Jovanetti, bien conocido en la isla.

“Duélale a quien le duela, el concierto por la paz ya se hizo, dice el líder de Los Van Van, Juan Formell. La nueva generación cubana se queda en la plaza las cinco horas y minutos que dura el concierto y baila, grita y llora.

“¡Queremos entrar… queremos entrar!” De pronto la policía cede y deja que todo el mundo pase en estampida, ya no en las filas ordenadas que quería formar. Ya no se abre la plaza a las doce del día, como se había anunciado, sino a las diez y media de la mañana. El tumulto es de tal tamaño que el ministro del Interior, Abelardo Colomé, tiene que bajar de su carro a pedirle a la guardia a cargo que le abra paso para llegar a su oficina, apenas unos metros adelante.

 
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