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Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.





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China no se compromete en combatir el cambio climático.
Enviado el Monday, 06 July a las 19:50:57
Tópico: Ecologia y Migración
* El país asiático y Estados Unidos tienen en sus manos el futuro.
* Entre corrupción, Beijing encara el desafío ecológico y ambiental.
* Durante  décadas hubo graves daños por la inacción gubernamental.
* El problema es demasiado grande para no hacerle caso.
* La “emergencia verde” está en los discursos de los políticos.
* Hay numerosas protestas por las catástrofes ambientales.

Redacción / Carta Mesoamericana
Beijing, China


A principios de 2007, en la remota región china de Yunnan, las autoridades regionales ordenaron pintar de verde una gigantesca montaña para ocultar la deforestación que habían causado las excavaciones industriales.
Durante décadas, la conciencia ecológica de China ha actuado de una manera parecida, y a pesar de que el gobierno empezó a hablar de la importancia del medio ambiente en la década de 1960, las pocas leyes aprobadas nunca fueron aplicadas con rigor.
Pero la situación parece estar cambiando en los últimos años, en los que China ha dado pasos de gigante, convirtiendo el desafío medio ambiental en una de sus grandes prioridades, coincidieron varios expertos.
"El problema es demasiado grande como para no hacerle caso y además se ha convertido en una cuestión de estabilidad política porque cada vez hay más protestas relacionadas con las catástrofes ecológicas", dijo Sze Pang Cheung, director de Greenpeace en Beijing.
A un ritmo creciente, China está aprobando leyes, intensificando los controles sobre las industrias y movilizando recursos económicos para combatir lo que los analistas consideran el mayor desastre ambiental del mundo.
"Se ha producido un cambio radical que además ya se está notando en todo el país. El auténtico cambio llegó en 2006 y desde entonces ha habido un progreso espectacular", explicó Deborah Selingsohn, directora del World Resources Institute en la capital china.
Una de las mejoras más destacadas se registra en el sector energético.
En el último quinquenio, China ha aumentado a un ritmo de 100 por ciento anual su inversión en energías renovables.
A principios de mes, Beijing estimó que 20 % de su consumo energético provendrá de energías limpias antes de 2020, una cifra comparable a la de algunos campeones ecológicos tradicionales como Alemania o Japón.
China también realiza inversiones millonarias en las llamadas centrales de "carbón limpio", que reducen el impacto ambiental de este fósil, altamente contaminante, que abastece más de la mitad de la electricidad del país.
Según algunos expertos, el gigante asiático también ha logrado avances en cuanto a polución industrial y reducción de desechos tóxicos.
"Se han cerrado miles de centrales y fábricas, y se ha obligado a muchas a cumplir con la ley medioambiental", apuntó Shiqiu Zhang, profesora de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad de Beijing.
La "emergencia verde" se ha convertido en uno de los asuntos serio en los discursos de líderes políticos chinos y en los medios de comunicación, mientras que empiezan a aparecer empresas que promocionan productos y servicios ecológicos.
De los 590 miles de millones de dólares del paquete de estímulo aprobado este año por China para combatir a la crisis, varias partidas están dedicadas a reducir las emisiones contaminantes.
Y aún así, la situación medioambiental en esta nación sigue siendo grave, según los expertos, y el camino por recorrer es largo.
Uno de los mayores problemas que persisten es que las leyes aprobadas en Beijing se topan con la corrupción de las administraciones locales. Siguiente entrega: Negocian pacto global.
A pesar de todas las mejoras y compromisos que se han realizado en los últimos años, el gobierno chino no se plantea reducir sus emisiones de dióxido de carbono a medio plazo, por lo que su contribución al cambio climático seguirá en aumento.
"Con el ritmo de crecimiento económico actual, no es realista pensar que se pueda reducir la emisión de dióxido de carbono. Pero China es un país en desarrollo y por eso no se considera responsable del cambio climático", dijo Shiqiu Zhang, experta medioambiental de la Universidad de Beijing.
Uno de los escenarios más optimistas que contempla el gobierno es que China alcance su pico de emisiones en torno a 2025 o 2030 para después iniciar un lento descenso.
 Por otra parte, China y Estados Unidos no sólo son los dos países que más contaminan del mundo, sino también los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo global vinculante con el cual frenar el cambio climático.
Algunos ecologistas, con un toque de ironía, les denominan el "G2 medioambiental".
A pocos meses de la cumbre de Copenhague, donde se pretende fijar el nuevo protocolo internacional sobre emisiones contaminantes, Washington y Beijing llevan a cabo una intensa ronda de consultas diplomáticas para sentar las bases de un eventual acuerdo.
La misión no es en absoluto sencilla, ya que ambos países se culpan del fracaso de la "diplomacia verde" desde hace años. Esta vez, sin embargo, los grupos ecologistas albergan una pequeña esperanza, ya que desde que Barack Obama llegó a la Casa Blanca al menos se está produciendo el diálogo.
"Después de ocho años terribles, el cambio climático se ha convertido en una prioridad en las relaciones entre Estados Unidos y China, casi al mismo nivel que las económicas", dijo Sze Pang Cheung.
Estados Unidos acusa a China de ser el país que más gases de efecto invernadero emite, de aprovecharse de su condición de país en desarrollo para negarse a alcanzar un compromiso concreto.
China se defiende asegurando que, con mil 350 millones de habitantes, su emisión de CO2 per capita es casi diez veces inferior a la de Estados Unidos. Al mismo tiempo, recuerda que su industria empezó a ser un peligro para el planeta hace 30 años, mientras que la de Estados Unidos y Europa llevan siglos contaminando masivamente.
"Los países industrializados se enriquecieron explotando recursos y contaminando y ahora nos piden que nosotros detengamos nuestro crecimiento para resolver lo que ellos provocaron. No es justo. Ellos tienen que reducir sus emisiones primero", opinó Shiqiu Zhang, profesora de Ciencias Ambientales de la Universidad de Beijing.
Oficialmente, China asegura que necesita en torno a dos décadas más de desarrollo antes de estabilizar su emisión de C02 y, alcanzado ese pico, empezar a disminuir poco a poco su aportación al cambio climático.
"Estados Unidos se niega a considerar a China como un país en desarrollo porque, a pesar de las diferencias de renta, es el más firme candidato a arrebatarle el puesto como primera potencia mundial, por eso Washington no quiere hacer concesiones que tengan un costo geoestratégico", consideró la experta Fanny Toung, miembro del Círculo de Debate por el Medio Ambiente.
Todos los expertos consultados se muestran escépticos con la capacidad de ambas potencias de llegar a un acuerdo antes de seis meses.
"Tienen la obligación moral de hacerlo. No sólo su población sino el resto del mundo, pero no creo que el proceso de acercamiento vaya demasiado rápido", pronosticaron desde Greenpeace.
"Creo que veremos cambios en la actitud de ambos países, pero estos cambios serán independientes a los acuerdos que se hagan. En definitiva, creo que en el mundo real se producirá un giro verde mientras que en el mundo diplomático seguirán discutiendo y jugando sus juegos de poder sin ponerse de acuerdo", afirmó la profesora Zhang.
Mientras políticos estadounidenses apuntan a China como el principal responsable del cambio climático, los expertos chinos aseguran que Estados Unidos podría tomar ejemplo en muchos ámbitos.
Por las calles de Beijing circulan casi exclusivamente motocicletas eléctricas, que no hacen ruido ni emiten gases de efecto invernadero.
En los negocios y supermercados de la ciudad no se ofrecen más bolsas de plástico de las absolutamente necesarias y por una ley que entró en vigor en 2007 ningún comercio puede regalar este producto.

 
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