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Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.





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Las malandanzas del Padre Alberto
Enviado el Friday, 08 May a las 00:47:01
Tópico: Religión
* El celibato y la doble moral de la Iglesia católica.
* Grito en el cielo tras el escándalo del sacerdote mediático.
* Los casos de pedofilia son tratados bajo las sombras.
* La castidad, práctica cuestionable y arcaica.
* Monjas, mujeres y misoginia.

James Patrick Boyle Alvarado / Corresponsal Jefe / Carta Mesoamericana
Miami, Florida


Miami se remeció desde sus cimientos y la reacción se extendió a lo largo y ancho de la América de los latinos como reguero de pólvora, y la mal llamada fiebre porcina, la situación económica, la guerra y las calamidades que últimamente se han multiplicado alrededor del mundo fueron relegadas a segundo plano en los espacios noticiosos de la radio y la televisión locales, primero, e internacionales, apenas horas después.

El Padre Alberto, sacerdote católico residente en esta ciudad del sol; pero ampliamente conocido por la comunidad latina a ambos lados de la frontera, fue captado por las cámaras fotográficas de una revista farandulera con las manos en la masa.

Por tres días consecutivos, el reportero gráfico recopiló material suficiente para llenar ocho páginas de la publicación, mostrando al todavía religioso con una mujer aún no identificada en circunstancias comprometedoras.

Alberto Cutié, puertorriqueño de nacimiento, pero de origen cubano, es uno de los hijos predilectos de la comunidad del sur de la Florida y un rostro familiar en los medios de comunicación latinos.

En años recientes, luego de ser recurrentemente invitado a programas de entretenimiento y espectáculos para opinar sobre diferentes tópicos, siempre desde el punto de vista eclesiástico, el llamado Padre Alberto dio muestras de sus múltiples talentos conduciendo su propio talk show en televisión y un programa de radio en una estación financiada por la Arquidiócesis de Miami, en la que también fungía como director; y escribiendo una columna diaria en el principal medio latino de la ciudad y hasta un par de libros, que pronto alcanzaron categoría de best sellers.

Ahora, cual ángel caído, Alberto Cutié fue obligado a renunciar al cargo de párroco de la Iglesia de Miami Beach, donde sus misas se celebraban con llenos totales y a su posición de director de Radio Paz.

La arquidiócesis de Miami también se apresuró a dar disculpas a la comunidad católica, aún antes de que el propio sacerdote admitiera los hechos o emitiera algún comunicado al respecto.

Esto se produjo al día siguiente a través de la página que él tenía en Internet y donde sus fotos e información relativas a sus actividades ya han sido remplazadas por un parco fondo azul.

Más allá de valoraciones morales o espirituales por el hecho mismo, sin embargo la reacción institucional de la Iglesia Católica a estos hechos propios del periodismo de espectáculos llama a ciertos cuestionamientos.

Alberto Cutié fue “sorprendido” en acciones impropias para un miembro del clero; pero su comportamiento no fue en absoluto delictivo. Lo que las fotos muestran es un hombre en actitud cariñosa con una persona adulta del sexo opuesto que, evidentemente, se conducía con reciprocidad y manifiesto consentimiento.

En otras palabras, no hubo violación, acoso ni mucho menos conducta lasciva con un o una menor de edad; pero las autoridades eclesiásticas tomaron cartas en el asunto de inmediato, recurrieron a los medios de comunicación para condenar los hechos y removieron al Padre Alberto de sus funciones sin dilación alguna.

Todo ello no deja de resultar curioso cuando, en años recientes y en innumerables ocasiones, los casos de sacerdotes pederastas fueron más bien solapados, manejados en privado y con absoluta reticencia a ventilarlos en los medios, mientras los acusados eran trasladados a otras localidades.

En los casos más graves, la Iglesia se ocupó de la defensa legal de los implicados, aunque en algunos casos estos fueron enviados a otros países para evadir la justicia.

Para ello y para pagar indemnizaciones se invirtieron grandes sumas de dinero, que mayormente provenían de las contribuciones de los feligreses. Por supuesto, las arquidiócesis implicadas no ofrecieron disculpas públicas y el propio Papa guardó un silencio cómplice hasta que el problema fue tan grande que no pudo callar más.

Como última reflexión, cabría preguntarse si el problema real no está precisamente en la práctica antinatural y obsoleta del celibato, pues, si bien a nadie se le obliga a ser cura y, supuestamente, se llega al ejercicio del sacerdocio por vocación, la exigencia del compromiso de castidad no fue ni mandato de Dios, que más bien nos mandó a crecer y multiplicarnos; ni de su hijo hecho hombre, que no demandó tal compromiso a sus seguidores, ni siquiera a los más cercanos.

El celibato es un invento de la curia católica que, envuelta en conflictos de herencias y requiriendo exclusividad de sus miembros, empezó a exigirlo siglos atrás.

En la actualidad, con leyes bien establecidas, jueces para dirimir dudas y abogados para defender las causas justas, las implicaciones legales de autorizar a un sacerdote a tener familia serían más que viables, manejables y moral y físicamente saludables.

Y dejemos para otra ocasión el tema de las monjas y los impedimentos para que las mujeres sean sacerdotes y ocupen cargos de autoridad, que se parecen mucho a la misoginia y la discriminación.

 
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