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Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.

“En concreto, el flujo neto de migrantes entre México y Estados Unidos se ha reducido a cero por primera vez en el lapso antes mencionado. El cambio de tendencia supone el estancamiento de la oleada migratoria más importante en la historia estadounidense”, refiere PHC, contrariando así las expresiones oficiales, con alto contenido xenófobo y racista.




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La “guanajuatización” en el segundo estado expulsor de migrantes
Enviado el Friday, 08 August a las 23:37:51
Tópico: Política
* Las remesas han bajado al menos 30% en 2008 en esa entidad.
* La ruina o la prosperidad dependen de los ingresos de dólares.
* Serios efectos a la economía de los que no han logrado emigrar.
* Preocupante estancamiento en la industria estadounidense de la construcción.

Redacción / Carta Mesoamericana
Ciudad de México



No obstante que el presidente del gobernante Partido Acción Nacional (PAN), Germán Martínez Cázares, afirmó a fines del pasado mes de julio que había que “guanajuatizar” a México, el encargado de uno de los varios negocios de envíos de dinero que hay en el municipio de Duarte, en ese estado del centro del país, ya no sabe qué explicación inventar para que lo entiendan.

Cada que llega un cliente a buscar el dinero que le han depositado desde el otro lado del río Bravo es el mismo pleito, como si él tuviera la culpa de que el envío que antes era de cuatro o tres mil dólares ahora con trabajos llegue a mil, y que encima el dólar ande tan bajo que a la hora de convertirlo a pesos se transforme en casi nada.

Las redadas en busca de indocumentados que algunos estados de la Unión Americana han intensificado y, sobre todo, el estancamiento de la industria de la construcción tiene preocupados a los habitantes de esta comunidad de ocho mil habitantes que tiene al menos a otros seis mil viviendo en Estados Unidos, y de cuyos ingresos pende su ruina o prosperidad.

Guanajuato es el segundo expulsor de migrantes del país, superado sólo por Zacatecas. Un millón 300 mil mexicanos que nacieron en la entidad viven en Estados Unidos, lo que significa que por cada cinco guanajuatenses viviendo acá, hay uno que logró emigrar. Las razones, explica tajante Francisco López, encargado de la Oficina de Atención a Migrantes del municipio de León, son dos: el hambre y la tradición.

La primera es fácil de entender, los empleos en Guanajuato son mal pagados y lo que acá ganan en un día, allá les cuesta sólo una hora de esfuerzo. La segunda, cuatro de cada seis guanajuatenses tiene un familiar directo viviendo del otro lado, y es el que se encarga de meterle en la cabeza las bondades del sueño americano.

Entre Duarte y León, la capital del calzado nacional, sólo hay ocho kilómetros; sin embargo, es raro ver un zapato made in Mexico. Acá lo que está de moda es traer tenis grandotes y de marca, Jordan, Nike, lo que sea siempre que no sea nacional y menos chino.

Los muchachos usan gorras y camisetas que son de tallas bastante más grandes que lo que les corresponde y les llegan hasta la rodilla, caminan medio saltando como si trajeran por dentro el ritmo de un rap y te saludan señalándote con el puño semiabierto en alto y dejando tres dedos al aire. Imitan el estilo cholo de sus primos, tíos y amigos que viven en Estados Unidos y que cada año regresan a casa en diciembre importando un estilo de vida que se ha vuelto el ideal a seguir de los adolescentes.

Cada año, días después de la fiesta de la Asunción, el 15 de agosto, decenas de muchachos que terminan la secundaria y se preparan para hacer la maleta para la travesía que los llevará a Estados Unidos en busca de un futuro que acá de este lado no les promete nada.

Alfredo Zúñiga cree que podrá engañar a los gringos y hacerles creer que tiene 16 años para que lo dejen trabajar en alguna obra. Pero la niñez que no ha terminado de írsele se le escapa en la sonrisa, apenas rebasa el metro y medio, las infantiles pecas tampoco ayudan, y el bozo que apenas es una sombra grisácea sobre sus labios podría terminar de delatarlo.

No importa. El plan ya está hecho y el 17 de agosto se irá a Tijuana para intentar cruzar por la línea. Con balbuceos cuenta sus planes, porque es bastante tímido. Hace cuatro años, cuando el alcoholismo acabó con el hígado de su padre y murió, su mamá comenzó a ahorrar. Su objetivo, juntar los dólares necesarios, unos tres mil, para que cuando terminara la secundaria pudieran pagar un pollero para el hijo más grande de la familia, heredero de la tradición de emigrar.

Pero como a Alfredo lo corrieron de la secundaria por una travesura escolar, el viaje se ha adelantado un año y a sus 14 recién cumplidos está listo para partir.

Tiene miedo, lo asustan las historias de los que se fueron y regresaron muertos sin conseguir las trocas y los tenis que tanto anhela traer a casa, pero tiene claro que es su deber mantener a la familia.

El delgado municipal en Duarte, Francisco Martínez, también migrante, dice que no hay muchacho que no esté esperando a salir de secundaria para irse a Estados Unidos. Cada año se van del pueblo unos mil duarteños, entre jóvenes y adultos, aunque la mayoría va y viene sin establecerse allá.

Calcula que de enero a la fecha las remesas han bajado al menos 30%. Los migrantes no consiguen trabajo, y si lo tienen, guardan lo que les sobra porque esperan tiempos difíciles.

Por eso algunos abuelos se quedarán sin abrazar a sus nietos que antes regresaban en verano a pasar las vacaciones, y también por eso este año no hubo operativo en central camionera y aeropuerto. No hay dinero para volver.

Ronda el miedo a que quiebren los negocios, que han bautizado con nombres que les recuerdan de dónde salió el dinero para montarlos como Mojado o Barrio Chino.

La prosperidad que durante dos décadas ha tenido este pueblo está en vilo, al igual que la de cuatro de cada diez familias guanajuatenses que dependen de sus remesas.

 
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