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El alma michoacana de Jean Marie Le Clézio, Premio Nobel de Literatura 2008
Enviado el Thursday, 09 October a las 22:23:59
Tópico: Opinión
A mi abuelo, el doctor Gabriel García Romero, en el 139 aniversario de su nacimiento en San Luis Nahuatzen, corazón de la meseta purépecha.

* Asegura que se hizo indígena al convivir con los nativos de México y Panamá.
* Visitó pueblos perdidos de la meseta tarasca, guiado por su amigo Homero Aridjis.
* “La conquista divina de Michoacán” intenta conservar la antigua grandeza purépecha.

Luis Alberto García / Carta Mesoamericana
Ciudad de México



Inicialmente conocido como novelista, Jean-Marie Le Clézio, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2008, nacido en Francia el 13 de abril de 1940, con una infancia transcurrida en las islas Mauricio del Océano Índico y en tierras africanas, desarrolló sus dotes naturales en “El atestado” y en otras muchas narraciones de resonancia notable en la narrativa contemporánea.

Para sorpresa de muchos y de él mismo, al enterarse de la obtención del galardón que entrega anualmente la Academia de Ciencias de Suecia, Jean-Marie Gustave Le Clézio dijo haberse hecho indígena al convivir con los cunas de Panamá y los purépechas de Michoacán, latitudes donde cambió su concepción y visión del mundo, adoptando un estilo de vida en armonía con la naturaleza, totalmente ajeno al que habitualmente llevan los personajes agraciados con la fortuna, incluidos los famosos escritores candidatos a ganar uno de los premios establecidos por Alfred Nobel al inicio del siglo pasado.

Modesto siempre, hacedor de una labor callada, acompañado y guiado en ocasiones por su amigo y contemporáneo de Michoacán, el poeta ecologista, fundador del Grupo de los 100, Homero Aridjis, originario éste de Contepec, en la región de las mariposas monarcas, Le Clézio recorrió la zona lacustre de Pátzcuaro.

También anduvo por Tingambato, Pichátaro, Sevina, Comachuén, Cherán, Nahuatzen –lugar de nacimiento, en 1869, del médico, filántropo y benefactor, Gabriel García Romero- y otros pueblos perdidos de edad inmemorial, mostrando enorme capacidad para observar la conducta humana y su entorno histórico.

Su capacidad de asombro y una curiosidad sin límites lo condujeron a otros terrenos no menos apasionantes como la antropología y, fruto de esta última, es “La conquista divina de Michoacán”, que registra una gran crónica que, dicen sus editores del Fondo de Cultura Económica (FCE) en la contraportada de ese pequeño libro escrito en Alburquerque, Nuevo México, en 1984, “está a la altura del Poema de Gilgamesh y La gesta de Arturo”.

Traducida por Aurelio Garzón del Camino, “La conquista divina de Michoacán” se hace eco de un texto –“Relación de Michoacán”- escrito probablemente por el fraile franciscano Gerónimo de Alcalá hacia 1535, año de la fundación de San Luis Nahuatzen, tras el asesinato que cometió el conquistador español Nuño de Guzmán con el último emperador o cazonci purépecha, Tangaxoan Tzintzicha.

Historia y testamento, esa diminuta obra de Le Clézio, de apenas 112 páginas publicada en la colección "Cuadernos de la Gaceta" del FCE, es única en su intento de conservar la memoria de la antigua grandeza purépecha o purembe.

En ella expresa con majestad la magia y tragedia del mundo indígena michoacano, con un manejo conceptual y gramatical de las palabras y nombres purépechas que, sin duda, envidiaría y ya quisiera cualquier escritor, ensayista o periodista mexicano, español o latinoamericano.

Al saber que Jean-Marie había sido galardonado con el Nobel literiario—el último en obtenerlo por Francia fue Paul Simon en 1985-, académicos mexicanos se refirieron al tema indígena en su obra.

Ivonne Cansigno, investigadora de El Colegio de Michoacán, elaboró en Morelia hace algunos años un ensayo para analizar la visión de Le Clézio sobre los americanos originales en “El indio y la indignidad” en sus escritos.

"No sé muy bien cómo es posible; pero así es, soy indio. No lo sabía antes de haber encontrado a los indígenas en México. Ahora lo sé", escribió Jean-Marie, rubio y de ojos azules, en su obra "Häi", publicada en 1971, sin dejar de reconocer la influencia humanística que recibió del fallecido historiador michoacano Luis González y González.


El paso del Premio Nobel de Literatura de 2008 por México, entre 1970 y 1974, ha sido descrito por él en su “Sueño Mexicano” –también editado por el FCE-, y en su inigualable trabajo que lleva ese título tan evocador de un pasado que permenece en el presente: “La conquista divina de Michoacán”.

Cansigno escribió en 2002: "De manera particular, y por mi origen mexicano aunque tenga nombre francés y apellido italiano, me conmovió la gran importancia que el autor concede a la figura del indígena en su obra".

Ocho libros de los 30 que había escrito hasta entonces, tienen como temática la cuestión indígena y el escenario era México, incluidas las traducciones del "Popol Vuh" y el "Chilam Balam", los libros sagrados de los mayas. 

Jorge Hernández, catedrático del Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), comentó: “En el texto sobre Michoacán, Le Clézio logra contagiarnos con la magia y el encanto de una crónica escrita por un religioso anónimo del siglo XVI, Se trata de un texto que desafía al brillo de la espada del conquistador, pues lejos de sufrir la suerte de las estatuas destruidas “Relación de Michoacán” preserva la memoria del pretérito chichimeca. Se trata de una consignación de recuerdos, de tiempos pasados en los que los dioses y los hombres gozaban de un mismo espacio, que no puede ser rellenado por el olvido o la mentira".

En un análisis de la obra, Hernández asegura que, ante la impredictabilidad del pasado, los relatos históricos de importancia tienen, a su vez, la intención de ser génesis: hablan de la creación de la Tierra y de cómo llegaron los dioses a asentarse en Michoacán.

A la luz de esta forma de historiar, se buscan los orígenes de una lengua, de una religión o de un gobierno y hasta de una nación. Le Clézio refiere que así sucede con los relatos primigenios del pueblo iraní con la epopeya del gigante Gilgamesh, con el establecimiento del pueblo de Israel o finalmente con las leyendas griegas y escandinavas.

Este es el perfil mexicano de quien escribió un capítulo luminoso de una de las culturas mayores de la Mesoamérica desconocida, de la epopeya prodigiosa del antiquísimo y broncíneo pueblo purembe, narrado -como el mismo Jean-Marie Le Clézio lo dice- para gloria de los vencidos y no para provecho de los vencedores.

 
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