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Nalifka, aroma de Rusia 

Es un licor de grosella, cereza, arándano o ciruela con nombre evocador, de alta estima en el Sur de Rusia, como nos refería Dimitri Znamensky, corresponsal de la agencia “Novosti” de noticias, colega moscovita a quien, con nostalgia, contamos que ese preparado tan exquisito lo habíamos probado alguna vez, producido prodigiosamente por el khan Rajak Bekh Kadjieff, personaje de leyenda nacido en el Cáucaso ruso a fines del siglo XIX.




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Ucrania fabricaba futbolistas para la Unión Soviética
Enviado el Thursday, 07 June a las 00:00:00
Tópico: NALIFKA

*Oleg Blokhin, del Dínamo de Kiev, fue producto de una gran época.

*Víctimas de Stalin, los ucranianos buscaron su independencia.

*Andriy Shevchenko, otra muestra de la calidad de esa nación.

*Buena actuación en Alemania 2006, su única Copa del Mundo.

 

Luis Alberto García / Kiev



Entre los pantanos del Pripiat y la península de Crimea, entre los Cárpatos y la cuenca del Donetsk, se extienden las llanuras de Ucrania, el país más extenso de Europa después de Rusia, poblado en el pasado por vikingos, mongoles y tártaros.

Ubicada en una región de enorme importancia geopolítica, Ucrania es un escenario histórico que luego estuvo en poder del Estado lituano-polaco, mientras el Sur y Crimea estaban dominados por los tártaros y los turcos.

En   el siglo XVIII, el imperio zarista se anexionó una parte del territorio, y tan solo Galitzia –teatro de cruentas batallas en la Primera Guerra Mundial-, en el oeste formaba parte del imperio austro-húngaro de los Habsburgo.

Ante los acontecimientos producidos por la Revolución rusa –entre febrero y octubre de 1917-, Ucrania declaró su autonomía, convirtiéndose en la manzana de la discordia entre Alemania y Rusia para, finalmente, pasar a ser una república de la Unión Soviética.

Independientemente de los conflictos políticos, en los días gloriosos del futbol soviético –de 1955 a 1970- fueron muchos los jugadores ucranianos que tuvieron un papel protagónico en la selección vestida de rojo, puesto que como república socialista no podía utilizar la camisa amarilla tradicional, proporcionándole figuras de enorme calidad.

Ucrania nunca se sintió cómoda bajo el régimen comunista, y fueron constantes las manifestaciones a favor de la independencia, a grado tal que Iósif Stalin intentó erradicar esas demandas a comienzos de la década de 1930 mediante el Holodomor, un genocidio colectivo para decirlo claro.

El dictador ordenó saquear el gigantesco granero que representaba esa región -al norte del mar Negro-, provocando hambrunas catastróficas y así acabar con la resistencia, y habrían de pasar muchos años para que, hasta 1991, Ucrania lograra su independencia.

En el plano deportivo, aún como parte de la Unión Soviética, Valeri Lobanovsky alineó con la Unión Soviética en la final de la Eurocopa de 1988 en Austria y Suiza, con un cuadro integrado casi en su totalidad por jugadores del Dínamo de Kiev, de donde salieron dos de las grandes estrellas futbolísticas del Este europeo, Oleg Blokhin y Andriy Shevchenko.

Además de que en 2004 “Sheva” fue nombrado el mejor jugador europeo del año –como Blokhin en 1975-, al mismo tiempo Ucrania atraía la atención mundial cuando la población llevó a cabo la llamada “Revolución Naranja”, consistente en la defensa de sus derechos democráticos.

El sur de la península de Crimea, en la costa del mar Negro, se han formado los grandes futbolistas ucranianos, debido a su extraordinario clima mediterráneo, sin los fríos glaciales del Norte, y es que, además de ser una zona óptima para la práctica de cualquier deporte, desde el siglo XIX Crimea se convirtió en lugar de veraneo preferida por las élites políticas, de zaristas a socialistas.

Con un clima similar al de Sochi en territorio de la actual Rusia –donde jugarán durante la Copa del Mundo de 2018 Portugal y España, Bélgica y Panamá, Alemania y Suecia, Australia y Perú-, hasta las costas del Mar Negro llegaron los artistas y la nobleza, posteriormente los funcionarios soviéticos y hoy los turistas de Europa occidental que, sorprendidos y maravillados, descubren la península ucraniana.

Según una leyenda, en 1747 el gobernador Grigori Potempkin mandó construir casas coloridas para impresionar a la zarina Catalina II, y es que, desde hace años, los estadios de Ucrania son una mera fachada, porque su futbol se ha desteñido sin encontrar remedio a sus males.                    

Con una sola participación mundialista –en Alemania 2006, bajo la dirección técnica de Blokhin-, Ucrania jugó cinco partidos: perdió (4-0) contra España; ganó (4-0) a Arabia Saudita; venció (1-0) a Túnez; y en octavos de final derrotó (3-0) a Suiza; y cayó (3-0) frente a Italia en cuartos de final.

La victoria sobre los suizos fue mediante tres tiros penales: de Artem Milevsky, Sergei Rebrov y Oleg Husyev; pero los ucranianos fueron eliminados (3-0) por Italia, y desde entonces no han proporcionado alegrías a sus compatriotas, al desperdiciar las ocasiones de clasificar para Francia 98 y Corea / Japón 2002, y salvo la participación en el Campeonato Mundial de Alemania, no han vuelto a hacer algo relevante.

El tropiezo ante Italia en 2006 es una historia que se resume a un intento de utilizar, ante quienes serían campeones del mundo, las mismas estrategias aplicadas a los árabes, tunecinos y suizos en las fases iniciales.

El primer tiempo acabó 1-0 con gol de Zambrotta por un error del portero Alexei Shovkoski; sin embargo, dos tantos más de Luca Toni pondrían fin a la actuación de Ucrania en 2006, país con tradición futbolística que sigue en espera de otra oportunidad para recuperar la fe perdida, como en un pasado que ya está lejos.

 


 
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