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Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.

“En concreto, el flujo neto de migrantes entre México y Estados Unidos se ha reducido a cero por primera vez en el lapso antes mencionado. El cambio de tendencia supone el estancamiento de la oleada migratoria más importante en la historia estadounidense”, refiere PHC, contrariando así las expresiones oficiales, con alto contenido xenófobo y racista.




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Las heroínas de la guerra de Independencia (II)
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* Con osadía y arrojo, las mujeres se sacrificaron en defensa de la libertad.
* Sin su intervención, la lucha por la emancipación no hubiese sido igual.
* Demostraron voluntad y espíritu patriótico para liberarnos del yugo español.

Redacción / Carta Mesoamericana
Ciudad de México


Sin duda que los ejemplos más conocidos son Josefa Ortiz de Domínguez, Leona Vicario y Gertrudis Bocanegra de Laso de la Vega; pero al igual que otras mujeres, arriesgaron o dieron valientemente su vida por la causa patriótica, no obstante que un buen número de ellas se encuentra en el anonimato y algunas quedan en el recuerdo.

La esposa de “El Jaranero”

Luisa Martínez, esposa de un guerrillero apodado "El Jaranero", estuvo peleando junto a su marido en las tierras altas de la meseta purépecha, por el lado de Nahuatzen, Sevina y Comachuén, hasta que en Erongarícuaro, Michoacán, a orillas del lago de Pátzcuaro, perdieron una batalla y con los hombres fue hecha prisionera y fusilada en el cementerio del pueblo.

Cuando le tocó su turno gritó con todas sus fuerzas: "Como mexicana tengo el derecho de defender a mi patria". Acto seguido se desplomó abatida por las balas.

La huichapeña

Altagracia Mercado, la heroína de Huichapan, Hidalgo, de su propio dinero armó un pequeño ejército en cuanto se enteró de la lucha por la libertad. Se puso a la cabeza y dio la pelea a los realistas. Desgraciadamente en un encuentro perdió el combate y, cuando se fijó, sólo quedaba ella en pie.

Sin demostrar temor, con la valentía que la caracterizaba, siguió peleando hasta que la capturó el enemigo. Su valor causó mucha admiración a los jefes españoles y como la costumbre era no tomar prisioneros sino fusilarlos, ordenó el coronel que los comandaba que la dejaran en libertad diciendo: "Mujeres como ella no deben morir".

Hazañas como ésta han permanecidos en la memoria de muchas generaciones, y está claro que no les importó arrostrar peligros ni la furia de los realistas, mucho menos exponer su vida con tal de defender su patria del español opresor.

En apoyo de Mina

María Soto la Marina ayudó con arrojo y valentía a las tropas del joven patriota español Francisco Javier Mina, quien junto con Juan Martín “El Empecinado” se había curtido como guerrillero en las batallas peninsulares contra los soldados franceses que, en nombre de Napoleón Bonaparte, invadieron España en 1808.

Las huestes realistas se enfrentaron con los insurgentes cerca del río del mismo nombre que la heroína, pero no contó Mina con un enemigo quizá más poderoso que la sed, pues los españoles se habían apoderado del río, y no podía romper el cerco para llegar hasta el agua.

Al darse cuenta la valiente mujer, saliendo de la retaguardia tomó dos cántaros y sin importar las balas enemigas comenzó a traer agua para que tomaran los soldados insurgentes. Una y otra vez atravesó las líneas enemigas sin importar su seguridad, hasta que todos pudieron calmar su sed sin que sufrir ningún daño.

El amor de Humboldt, Bolívar e Iturbide

El sistema patriarcal que hemos vivido en México ha sido férreo y de mano dura, sobre todo con la mujer. Aunque hay que reconocer que poco a poco va cambiando, pero en la época de la Independencia hubo otra mujer decidida, irreverente y rebelde, María Ignacia Rodríguez, "La Güera Rodríguez".

Maltratada por su marido, logró el divorcio y, fallecido él en Querétaro, y se pudo casar dos veces más. De esos matrimonios le quedaron siete hijos. Era bella y de lengua rápida e ingeniosa, famosa en la capital del virreinato. Aprovechando que entraba en los salones más elegantes, mandaba noticias sobre las estrategias que iba a hacer el ejército realista.

Mujer decidida, partidaria de la Independencia, llegó a fascinar a hombres como Alexander von Humboldt, Simón Bolívar y Agustín de Iturbide, además hablaba a favor de los insurgentes en los grandes saraos, cosa que llegó a oídos del Santo Oficio y fue llevada ante él.

Ese día se vistió mejor que nunca, se enjoyó y perfumó. Cuentan que cuando llegó a la sala donde se encontraban los obispos que la iban a interrogar, entró con garbo y donaire y como no le ofrecieron sentarse, ella lo hizo con desparpajo y coquetería, se arregló los pliegues de la falda y con suma delicadeza se compuso sus bucles rubios, y mirándolos con inocencia y sensualidad les preguntó que para qué se le necesitaba.

Hombres recios, fuertes, por menos que eso se encogían ante estos personajes todos vestidos de morado con bonetes altos y miradas torvas y siniestras, en una sala media oscura y donde se sabía que el que entraba no salía.

María Ignacia los saludó y cuando leyeron sus supuestos crímenes, con desparpajo les dijo sus secretos mejor guardados y dónde se veía con sus amantes, incluso a uno de ellos le reclamó que la cortejara apasionadamente. Así como entró salió con dignidad y orgullo. El Santo Oficio jamás volvió a molestarla.

La patzcuareña

La que no corrió con esa suerte fue Gertrudis Bocanegra, mestiza, hija de padre español y madre purépecha, nacida en Pátzcuaro, casada con el militar peninsular Antonio Laso de la Vega, quien por amor a ella abandonó las armas realistas pasándose a las tropas rebeldes.

Después del grito de don Miguel Hidalgo la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en el pueblo de Dolores, su marido e hijo se unieron a las fuerzas de Manuel Muñiz quien, al apoderarse de Pátzcuaro, acrecentó su tropa y atacó Valladolid; pero desgraciadamente en el ataque ambos murieron.

Entonces ella se dedicó en cuerpo y alma a la causa de la Independencia como espía encargada de mandar mensajes a los jefes insurgentes.

Finalmente decidió unirse al regimiento donde combatía su yerno José Gaona, quien la mandó a su ciudad para organizar un ataque; pero, descubierta por el enemigo, fue encarcelada junto con sus hijas, sentenciada a muerte y fusilada en la plaza mayor el 10 de octubre de 1817. Los patzcuareños guardan su memoria con una estatua levantada en el jardín de San Agustín de la hermosa población ribereña michoacana.

Leona la criolla

En cambio Leona Vicario Fernández Márquez de San Salvador, criolla como sus padres, nació en Toluca. Quedó huérfana de niña y por disposición legal quedó como tutor su tío Agustín Pomposo Fernández Márquez de San Salvador.

Su vida fue novelesca y llena de aventuras. Por herencia era rica y, cuando llegó a vivir a la ciudad de México con su tío, fue educada con exquisito gusto. En el despacho de su tutor conoció al abogado Andrés Quintana Roo. Ambos sentían simpatía por la insurgencia y se hicieron novios.

Desde ese momento, arriesgándose, mandaba medicinas y mensajes de su propio dinero. Mariano Salazar, uno de los hombres que le servía de correo, fue aprehendido y torturado, denunciándola, y al saber Leona que había sido descubierta, huyó con don Andrés a San Antonio Huixquilucan.

Su tío, preocupado y como era hombre de respeto y alcurnia, logró que el virrey le concediera un indulto. Cuando regresó a la capital fue encerrada en el colegio de Belén, aun cuando se le había prometido que no la arrestarían; sin embargo es llevada a juicio, demostrando valor y dignidad ejemplares.

A pesar de todas las amenazas no delató a los jefes de la insurgencia, y la regresaron en calidad de detenida al colegio. Los coroneles Francisco Arroyave, Antonio Vázquez y Luis Alconedo la rescataron del convento para salir disfrazados rumbo a Oaxaca. En ese tiempo se casó con Quintana Roo, siempre huyendo porque eran perseguidos, tanto que en una cueva ella tuvo a su hija, de nombre Genoveva por la santa de Bramante.

Con el país más calmado tras la consumación de la Independencia el 27 de septiembre de 1821, el matrimonio regresó a la capital, donde él pudo terminar sus estudios y hacer una brillante carrera política que lo condujo a la vicepresidencia de la República.

Leona Vicario es la única mujer cuyos restos descansan en la Columna de la Independencia del Paseo de la Reforma de la ciudad de México, antigua capital septentrional del virreinato de la Nueva España.

La Corregidora

Sin embargo, quizá una de las mujeres más audaces de la época de la guerra de Independencia haya sido Josefa Ortiz Girón, quien a edad temprana quedó huérfana. Su hermana mayor la llevó de Morelia a la ciudad de México y la internó en el Colegio de las Vizcaínas.

Fulgencio Vargas afirma que los años que estuvo recluida en ese internado le templaron el carácter. Le dieron una educación inmejorable y la prepararon para el futuro, de modo que a los 23 años se casó con Miguel Domínguez, corregidor de Querétaro, que la lleva con él a su ciudad para que, con su temperamento emprendedor y su gran capacidad intelectual, lo ayudara en sus funciones de funcionario virreinal.

Hay biógrafos que sospechan que ella tuvo mucho que ver con la emancipación de México aun antes del grito de Dolores, pues se dice que apoyó el complot de José Mariano Michelena en Valladolid en 1809; pero el plan fue descubierto y a él lo hicieron prisionero.

Con los conjurados del grito de Dolores sí está comprobada su participación, con el histórico episodio de la noche del 13 de septiembre de 1810, cuando la conspiración se descubre y su esposo, para protegerla, la encierra en su cuarto.

Desesperada, comienza a golpear en el piso con una contraseña al alcalde de la ciudad, Ignacio Pérez, quien vivía en el piso de abajo. Éste llega açhasta ella aprovechando que el corregidor no estaba y, a través de la cerradura de la puerta, le comenta que los descubrieron.

Como Ignacio Pérez también era leal a la causa, sale rápidamente de Querétaro y cabalga hasta San Miguel el Grande, llega el 15 al amanecer y, como no encontró al coronel Ignacio Allende, se lo comunica a Juan Aldama.

Mientras tanto, el día 14, doña Josefa llama a su hijastra y le dice que vaya con el presbítero José María Sánchez a ver a Joaquín Arias, capitán de uno de los regimientos de la ciudad, y le cuente lo ocurrido. Cuando éste supo la noticia, entró en pánico y denunció a todos los conjurados, en especial a Josefa Ortiz de Domínguez, diciendo que era la cabecilla del complot.

Josefa fue detenida el 16 de septiembre y llevada a la casa del alcalde junto con otras personas. De ahí fue trasladada al convento de Santa Clara, y tiempo después la dejaron libre pues parece que el juez de Corte, Juan Collado, tuvo miedo a que Miguel Hidalgo atacara la ciudad para rescatarla dada su estrecha amistad.

Josefa Ortiz continúa conspirando sin importarle los riesgos a los que se enfrentaba. Además, la causa ya se había convertido en la guerra de Independencia, y aún así siguió cooperando con los insurrectos.

Un hombre de la confianza del virrey, de apellido Beristáin, fue mandado por éste a investigar a la ciudad de Querétaro, y en carta al representante de la monarquía española le cuenta: "Había en Querétaro un agente efectivo, descarado y audaz que no perdía ocasión de conspirar contra España, y esa era la esposa del corregidor”, y termina diciendo que la corregidora era una tal Ana Bolena.

La trasladan presa a la ciudad de México, al convento de Santa Teresa, pero como estaba embarazada, la llevan a una casa particular siempre en calidad de detenida. Ahí duró cuatro años.

Después que se consumó la Independencia y dar un golpe de Estado Agustín de Iturbide se autoproclama emperador, dando amnistía a los presos políticos, entre ellos a Josefa. El emperador le ofreció entonces el alto honor de ser dama de su esposa la emperatriz, cargo que no aceptó por sus ideas independentistas y republicanas.

Después de consumada la Independencia no tuvo actividades políticas en el México independiente. Murió en 1829 y fue sepultada en la iglesia de Santa Catarina. En 1878 el Congreso de Querétaro declaró a Josefa Ortiz de Domínguez "Benemérita de la Patria" y dispuso que su nombre quedara grabado en letras de oro en el salón de sesiones. Sus restos se trasladaron a Querétaro en 1994 con gran ceremonia.

Josefa Ortiz de Domínguez es el prototipo de la mujer patriota, firme en sus ideas y convicciones sin importar los riesgos, dispuesta a participar en una aventura en la cual sólo tenía la certeza de sus ideales.

Junto con los otros héroes de la Independencia fue honesta, honrada, pues sin su colaboración no hubiera sido posible la emancipación de la Corona española, o ésta se hubiera retrasado por años.

Algunas son célebres, ya lo dijimos, otras no tanto; pero todas lucharon por un mismo deseo: ver libre a la patria, aún sufriendo el flagelo de la guerra, muchas de ellas sumariamente fusiladas, sin juicio  ni proceso.

Así tenemos también a Mariana Anaya, Petra Arellano, Francisca Torres, Antonia Ochoa, María Dolores Basurto y su hija Margarita, Carmen Camacho, María de Jesús Iturbide, María Antonia García, Gertrudis Jiménez, María Andrea “La Campanera”, Juana Villaseñor, Josefa Sixtos, Antonia Piña, y muchas más que ofrendaron su vida por la justicia en una patria libre y de todos los mexicanos.

“Desplómese el imperio tenebroso / Del déspota orgulloso y la patria festiva grita ufana / ¡Viva la Independencia americana!”, escribió el poeta Tomás Blasco.

A pesar de los tiempos que corrían y de las costumbres imperantes, estas heroínas tuvieron carácter y decisión, enseñándonos de lo que fueron capaces de hacer en su condición de mujeres.

Con perfiles y relieves míticos, nos muestran la perfección que alcanzaron al realizar hechos heroicos con personalidad suficiente para sobresalir e inmortalizarse para tocar y abrir eternamente las puertas de nuestra historia.









Especial: Carta Mesoamericana

Copyright © por Carta Mesoamericana Derechos Reservados.

Publicado en: 2008-09-04 (2948 Lecturas)

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