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Antes del arribo de Donald Trump y su corte de millonarios al gobierno de Estados Unidos, por primera vez en cuatro décadas, la marea migratoria tuvo un notorio descenso que podría comenzar a mostrar una nueva tendencia, según un estudio hecho por el Pew Hispanic Center (PHC), integrado por un notable grupo de científicos sociales de Washington que estudia los movimientos migratorios.





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La historia de la Independencia nacional (I)
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* En septiembre de 1810, México dejó atrás el dominio de España.
* El movimiento emancipador lo convirtió en un país libre y soberano.
* La guerra representó once años de lucha de un pueblo por su libertad.

Redacción / Carta Mesoamericana
Ciudad de México


La guerra de Independencia está dividida en diferentes etapas, la primera de las cuales –como recuerda el profesor Fernando Benítez en su libro conmemorativo “La ruta de la Libertad” (Editorial Era, 1960)- se inició con las conspiraciones de 1808 y 1809, hasta llegar al grito de Independencia en Dolores, Guanajuato, la madrugada del 16 de septiembre de1810.

Ya entonces se había hecho evidente que los habitantes de la Nueva España, incluyendo a comerciantes ricos, criollos soberbios y nobleza latifundista, estaban hartos del régimen colonial y ya no deseaban compartir las riquezas de su territorio con los españoles peninsulares, a quienes despectivamente llamaban "gachupines".

En la Nueva España había una desigualdad social –además de una miseria sin paralelo- que conmovió al sabio alemán Alexander von Humboldt, quien dijo nunca haber visto semejante situación en sus viajes de estudio por América Latina, razón que, entre muchas otras, se convirtió en pretexto principal y factor fundamental para pensar en la emancipación de España.

En 1808, los ejércitos de Napoleón Bonaparte invadieron España y Portugal, de modo que, el 2 de mayo de ese año, con un levantamiento popular que sacudió a Madrid, como lo documenta Arturo Pérez Reverte en su novela histórica “Un día de cólera” (Editorial Alfaguara, 2008), los españoles iniciaron su propia batalla por la independencia, ocupándose así por defender patrióticamente a su país.

Los próceres de nuestro movimiento independentista –entre ellos Primo de Verdad y Ramos y fray Melchor de Talamantes- al enterarse de la invasión francesa, aprovecharon esa coyuntura histórica para promover el movimiento independentista contra la dinastía borbónica.

Al principio se organizó un alzamiento pionero en Valladolid, hoy Morelia, pero fue rápidamente sofocado por la represión virreinal; sin embargo, pronto surgieron otros personajes, entre ellos Ignacio Allende, el corregidor Miguel Domínguez y su esposa doña Josefa Ortiz de Domínguez.

El más importante fue el de Querétaro organizado por los Domínguez, a quienes se unieron intelectuales, militares y clérigos, integrándose un grupo formado por el presbítero Sánchez y los licenciados Parra, Altamirano y Laso, así como por el capitán Arias.

Sabiendo que el pueblo mexicano era un fiel seguidor de los principios y los dogmas de la Iglesia católica, pensaron en invitar a un sacerdote a fin de encabezar la conspiración y el posterior levantamiento armado, y por eso Allende propuso a don Miguel Hidalgo y Costilla, nacido en la hacienda de Corralejo en 1753 y quien, al paso de los años, sería párroco del pueblo de Dolores, luego de tener una brillante trayectoria como alumno y maestro del Colegio de San Nicolás de Valladolid.

Se tenía planeado detonar el movimiento el 2 de octubre de 1810 en San Juan de los Lagos, Jalisco; pero por la denuncia de Mariano Galván fue necesario adelantarla a septiembre.

La señora esposa del corregidor avisó a Ignacio Pérez y a Juan Aldama que la conspiración había sido descubierta, éstos marcharon a avisarle a Allende y, en Dolores, fue don Miguel Hidalgo quien decidió iniciar la revuelta inmediatamente al poner en libertad a los presos, aprehendiendo a los españoles que se encontraban en la población.

La madrugada del 16 de septiembre de 1810 se llamó a misa, el pueblo acudió al llamado y, al grito de “¡Mexicanos, viva México!, ¡"Viva la Virgen de Guadalupe"!, ¡Viva Fernando VII! y ¡Muera el mal gobierno!”, Miguel Hidalgo incitó al pueblo a levantarse contra los españoles, acusándolos de pretender entregar los destinos del reino a los franceses y hacer peligrar la religión católica.

En seguida informó a los habitantes que quedaban exentos de pagar impuestos porque iba a proclamarse la independencia, y así, resueltamente, el pueblo llano, humillado, ofendido siempre, se armó como pudo de machetes, hondas, cuchillos, piedras, palos y lanzas, uniéndose al movimiento hasta llegar a San Miguel, donde se les sumaron los Dragones de la Reina con las huestes de Hidalgo partiendo hacia Celaya, donde él fue nombrado capitán general del ejército, Allende teniente, y Aldama mariscal, con el fin de organizarse militarmente.

De ahí salieron hacia Guanajuato, en medio de una fuerte lucha que costó cientos de vidas por ambas partes en el ataque a la Alhóndiga de Granaditas, en donde estaban parapetados los españoles con el intendente Juan José Riaño al frente, tomando finalmente la ciudad.

La chusma, pues eso era, sin orden ni disciplina, se dirigió hacia Valladolid, ocupada sin ninguna lucha, ya que el ejército que iba a apoyar a los españoles fue sorprendido por los insurgentes, para que ahí Hidalgo decretara las primeras reformas sociales, aboliendo la esclavitud y suprimiendo el pago de tributo de las castas y las cargas, lo que hizo que más gente se le uniera.

Antes de llegar a la capital novohispana, los rebeldes derrotaron en el Monte de las Cruces a las fuerzas al mando de Torcuato Trujillo, y es cuando Allende decide volver a Guanajuato e Hidalgo a Valladolid, sin que a la fecha se haya encontrado explicación a las razones que tuvo el Padre de la Patria para no entrar a la ciudad de México.

Contemplando a ésta desde las alturas de La Venta, Hidalgo ordenó enfilar hacia Guadalajara, donde se organizó el primer gobierno, el cual tuvo dos ministros: Ignacio López Rayón, a cargo del Estado, y José María Chico, responsable de la cartera de Gracia y Justicia.

Hidalgo quedó como Supremo Magistrado de la nación. También se hizo la primera reforma agraria, en la cual se manifestó que los indígenas eran propietarios de la tierra, se suprimieron los tributos y se confirmó la libertad de los esclavos.

En Guadalajara se le unieron Allende y Abasolo; sin embargo, sus efectivos fueron derrotados 16 de septiembre de 1811 en Puente de Calderón. Luego de esta derrota el ejército insurgente se dispersó. Hidalgo y los demás jefes salieron rumbo a Aguascalientes, San Luis Potosí y Coahuila, con la finalidad de cruzar la frontera, adquirir armas y promover una ayuda económica que era prioritaria; pero un oficial español de apellido Elizondo, los arrestó en los llanos de Acatita de Baján.

En Chihuahua, luego de ser enjuiciado el cura Hidalgo por contravenir las ordenanzas de la Iglesia, él, Allende, Aldama y Mariano Jiménez fueron fusilados, decapitados y sus cabezas puestas en jaulas de hierro que permanecieron  colgadas y exhibidas durante diez años en las cuatro esquinas del edificio de  la Alhóndiga de Granaditas en Guanajuato, ciudad recuperada a sangre y fuego por Félix María Calleja, encargado de reprimir y sofocar al movimiento insurgente por todos los medios a su alcance.

La muerte de esos caudillos marcó una etapa de la lucha por la Independencia, cuya fase militar había sido organizada, no obstante diferencias de criterio con Hidalgo, por Ignacio José de Allende y Unzaga, nacido en San Miguel el Grande, hoy San Miguel de Allende, el 21 de enero de 1769.

Fue hijo de un rico comerciante español y de una señora perteneciente a una de las principales familias de San Miguel. Durante su infancia disfrutó de todas las comodidades. Era un hombre apuesto, fuerte, buen jinete y valiente en el campo de batalla.

Al tomar la carrera de las armas, ganó sus primeros ascensos en Texas bajo las órdenes de Calleja y, en 1806, ya era capitán cuando hubo una concentración de tropas en Jalapa, donde adoptó las doctrinas a favor de la Independencia.

En 1808 volvió a San Miguel, donde estuvo a su cargo un regimiento de caballería llamado los Dragones de la Reina. En 1809 participó en la conspiración inicial de Valladolid, aunque fue perdonado cuando ésta fue descubierta.

Siguió conspirando y formó una junta en San Miguel para promover la Independencia, además de asistir a las reuniones que organizaban con el mismo fin los corregidores Miguel Domínguez y su esposa Josefa Ortiz.

Durante estas reuniones se planeó la rebelión que iba a ser dirigida por Allende y Juan Aldama, quienes pidieron la ayuda de don Miguel Hidalgo para obtener el apoyo de la gente.

El l6 de septiembre de 1810, a las dos de la mañana, se enteraron de que la conspiración de Querétaro había sido descubierta, y que había órdenes de arrestar al grupo del corregidor Domínguez, cuando Hidalgo daba el grito en Dolores.

En ese momento Allende propuso citar a quienes se habían comprometido a luchar por la libertad para que, en cada ciudad, se diera la voz de Independencia, lanzándose a la lucha bajo las órdenes de don Miguel Hidalgo con los Dragones de la Reina, dando inicio así la genuina historia de México por su libertad.









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Publicado en: 2008-09-01 (3300 Lecturas)

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